- En el sector de galpones y faroleras de San Joaquín, Candelaria, está llegando un fenómeno de tecnificación, que amenaza seriamente con derribar la cultura ancestral de los galponeros.
Más de tres décadas han forjado con sudor, esfuerzo y tesón una cultura ancestral y milenaria. El adobe, barro sin tacha, implementos de madera, moldes, fogón y corazón era todo lo que necesitaban los galponeros para impulsar progreso, no solo por el ladrillo y la teja, que más tarde les daría vivienda, "es por el orgullo que hincha el alma", como dice don Valeriano Ortiz "es algo que va, que se lleva por dentro de nosotros", a lo que doña Teresa, la compañera de don Valeriano, responde "mija y es que aquí hasta partos hubo.
Y es que con el tiempo ya a muchos les picó el bicho de la maquina." Ya nadie quiere hacer ladrillo, eso ya casi ni se vende, el farol se volvió el rey, y a nosotros nos está dejando sin que comer" dijo Ortiz.
Frases así son las que a menudo se escuchan de parte de todos los propietarios de galpones ladrilleros, uno de ellos, Don Valeriano, oriundo del departamento del Cauca, pero Vallecaucano de corazón, nos comentaba como las faroleras le han quitado más que clientes, le arrebatan el último aliento de identidad. El sector ha sido reconocido en todo el Valle por su gran cantidad de galpones que posee, y por su cercanía a Cali se ha ganado un puesto de prestigio.
Las faroleras se están imponiendo de tal forma, que han desplazado hasta lo más hondo los galpones de ladrillos. El material rustico se vende con poca frecuencia.
No les han arrebatado solamene el sustento, sino la tradición, adoberos de años de trayectoria son desplazados por jóvenes corpulentos, o más listos para el manejo de la nueva maquinaria, para incursionar con el “imperio farolero” que se ha tomado el sector. Una nueva industria que a producido nuevos empleos, pero ha dejado a más de uno viendo un chispero
Ortiz, me cuenta con nostalgia la bella época de los años 80' donde el ladrillo era el rey, el precio era sostenible y aún, en esos tiempos, se les inculcaba ese oficio a los hijos y ellos, sin imposición, aceptaban hacerlo parte de sus vidas.
Durante decadas el trabajo se tornaba en una verdadera familia, generación tras generación trabajan en el mismo galpón, y hasta partos hubo, no era solo trabajar era compartir era un cuestión fuerte de IDENTIDAD, a ellos le preguntaban ¿ ve de dónde sos? Yo soy del galpón de San Andresito; y ya todos lo identificaban y sabían quién era porque ese título era reconocimiento.
"Ahora todo ha cambiado, he visto como mis compadres han comprado su máquina y han ampliado, a mi me tocará también, pero es que la cosa está dura. Quisiera que volviera la IDENTIDAD, el apersonarse de oficio, volver anhelar que el fuego abrazador del horno que quema todo nos de sustento", afirmó don Valeriano.
A través del periodismo cívico, se puede implementar una estrategia comunicativa que ayude a fomentar y fortalecer la identidad y cultura en el la comunidad Sanjoaquireña.
Kevy Johana Pinillo
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